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La Energía No Es Suficiente

2025-05-15

Muchos de nosotros ya nos hemos enfrentado a situaciones en las que una propuesta de cambio fue rechazada con un simple: "Siempre lo hemos hecho así." Es una frase aparentemente neutral, pero que revela uno de los mayores obstáculos a la transición energética en la industria: la resistencia cultural.

En el Día Mundial de la Energía, se multiplican los informes, los compromisos y las metas. Pero el verdadero reto no está solo en la tecnología o en la inversión. A menudo está en lo invisible: en la cultura organizacional, en los hábitos arraigados y en la percepción del riesgo asociado al cambio. La transición energética también exige un cambio de mentalidad — una disposición colectiva para cuestionar rutinas establecidas y abrir espacio a la reinvención de procesos.

En la industria, donde el consumo energético tiene un peso significativo, las transformaciones requeridas son cada vez más concretas. Las herramientas técnicas existen: redes de aire comprimido optimizadas, paneles fotovoltaicos, movilidad eléctrica, biomasa. Pero ninguna de ellas funciona sin un compromiso colectivo. La tecnología se puede adquirir; la cultura debe construirse.

En la realidad que mejor conozco, los beneficios son comprobables: la sustitución de sistemas de iluminación por LED ha demostrado reducciones en el consumo y mejoras en las condiciones de trabajo en diversas unidades industriales; la valorización de subproductos como la biomasa representa una solución energética eficiente; y la monitorización en tiempo real del consumo permite tomar decisiones con impacto inmediato. Aun así, el mayor avance ha venido de otro frente: la movilización de los equipos. Escuchar resistencias, formar continuamente, consolidar nuevos hábitos. Crear una cultura energética es, sobre todo, crear una cultura de responsabilidad compartida.

La energía más limpia es la que no se desperdicia. Y el desperdicio, en la industria, no es solo térmico o eléctrico — también es humano y estructural. La transición energética es también una transición del pensamiento. Se trata de redefinir el éxito: no solo por la productividad, sino también por la eficiencia consciente y sostenible.

Hoy se defiende un enfoque centrado en la acción. Menos promesas y más comportamientos. Menos presentaciones, más cuadros eléctricos reprogramados. Menos frases hechas, más decisiones con impacto en los turnos y en los procesos. La innovación no es un producto — es un proceso continuo que exige persistencia, aprendizaje y corrección de errores.

Por eso creo que la próxima frontera está menos en la adopción de nuevas tecnologías y más en la capacidad de escuchar lo que nos dicen los datos y actuar en consecuencia. Está en la humildad de reconocer que ninguna herramienta es milagrosa sin contexto y sin cultura. Pasar de empresas que “comunican bien” a organizaciones que “actúan mejor” exige esta disciplina: coherencia en los detalles, valentía para cambiar y visión para liderar con el ejemplo.

Esa transformación comienza donde menos se ve: en las decisiones cotidianas, en los detalles operativos, en las preguntas incómodas que nos hacemos. Porque, al final, no es la energía la que cambia la industria. Son las Personas.

 

Filipe Ferreira
Chief Sustainability Officer del Grupo Vicaima

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